Érase una vez que se era un árbol que concedía deseos a todo aquél que se los pedía. El gran roble presidía desde hace siglos un enorme claro en un bosque antiguo y vivo. Sus deseos eran ilimitados, cualquiera que se acercara a él podía pedir y conseguir tanto como quisiera, deseos pequeños y enormes, deseos íntimos, deseos curiosos, deseos oscuros. Su tronco rugoso olía a madera vieja y resina joven. Sus hojas sabían bailar cada sonido que el viento proponía creando músicas que a veces sabían a nana, a veces alegraban el alma. Sus raíces se extendían por todo el claro llevándole el alimento que lo mantenía con vida. A su alrededor, yacían cientos de cuerpos sin vida entremezclados con hombres de ojos perdidos que, atrapados, recitaban sus deseos interminablemente. Se habían olvidado de vivir.sábado, 15 de octubre de 2011
El arbol de los deseos
Érase una vez que se era un árbol que concedía deseos a todo aquél que se los pedía. El gran roble presidía desde hace siglos un enorme claro en un bosque antiguo y vivo. Sus deseos eran ilimitados, cualquiera que se acercara a él podía pedir y conseguir tanto como quisiera, deseos pequeños y enormes, deseos íntimos, deseos curiosos, deseos oscuros. Su tronco rugoso olía a madera vieja y resina joven. Sus hojas sabían bailar cada sonido que el viento proponía creando músicas que a veces sabían a nana, a veces alegraban el alma. Sus raíces se extendían por todo el claro llevándole el alimento que lo mantenía con vida. A su alrededor, yacían cientos de cuerpos sin vida entremezclados con hombres de ojos perdidos que, atrapados, recitaban sus deseos interminablemente. Se habían olvidado de vivir.
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Genial. Absolutamente. ¡Qué bien se te da esto!
ResponderEliminarmina rakastan sinua
ResponderEliminarVáis a sonrojarme los dos por distintas razones. Mil gracias por pasaros por mi aljibe.
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